Para muchos adultos, ver a un niño con la cara, las manos y la ropa llenas de comida puede resultar caótico. Sin embargo, lo que para nosotros es “desorden”, para los niños entre 1 y 5 años es aprendizaje puro. Untarse, tocar, oler, aplastar y experimentar con diferentes alimentos y texturas es una parte fundamental de su desarrollo integral.
1. Desarrollo sensorial: aprender con todo el cuerpo
En la primera infancia, los niños conocen el mundo a través de sus sentidos. Al tocar alimentos blandos, duros, húmedos o granulados, estimulan:
- El tacto
- El olfato
- La vista
- Incluso el gusto (cuando es seguro hacerlo)
Estas experiencias fortalecen su integración sensorial, clave para procesos futuros como la atención, la coordinación y el aprendizaje escolar.
2. Motricidad fina y coordinación
Cuando los niños aplastan un banano, untan yogurt con los dedos o intentan agarrar arroz, están ejercitando los pequeños músculos de sus manos. Esto favorece:
- La fuerza y precisión de los dedos
- La coordinación ojo-mano
- Habilidades necesarias más adelante para escribir, recortar o abotonar
Todo esto sucede de forma natural… ¡mientras juegan!
3. Relación positiva con los alimentos
Permitir que los niños exploren la comida sin presión reduce el rechazo alimentario. Cuando un niño puede tocar, oler y jugar con un alimento antes de comerlo:
- Disminuye el miedo a lo nuevo
- Aumenta la curiosidad
- Se crea una relación más sana y tranquila con la alimentación
No siempre se trata de que “coma todo”, sino de que conozca y confíe en los alimentos y genere una relación sana con ellos, que los acompañará toda su vida.
4. Autonomía y confianza
Dejar que los niños se ensucien también es decirles: “confío en ti”. Estas experiencias fortalecen:
- La toma de decisiones
- La independencia
- La autoestima
El niño siente que puede explorar, equivocarse y aprender sin miedo.
5. Expresión emocional y creatividad
Jugar con texturas y alimentos también permite que los niños se expresen. Untar, mezclar y experimentar libera emociones, reduce tensiones y estimula la creatividad. No hay una forma “correcta” de hacerlo, por eso experimentar, es parte de la riqueza de este proceso.
¿Y el desorden?
El desorden es temporal, pero el aprendizaje es para toda la vida. Con ropa cómoda, espacios adecuados y acompañamiento amoroso, estas actividades se convierten en experiencias seguras y enriquecedoras. Etas herramientas harán que la experiencia de nuestros niños en el jardín y en la casa sea un constante aprendizaje y mucha diversión.




