A medida que los niños van creciendo se vuelven más activos, su juego implica mayor coordinación, equilibrio, agilidad, fuerza y velocidad.
Las oportunidades que damos a los niños de jugar en el parque; en el gimnasio trepando una araña, una escalera, (alternando y coordinando el movimiento de sus brazos y piernas), deslizándose por un rodadero o caminando por un túnel, le exigen destreza y agilidad para lograr desplazarse moviendo su cuerpo y manteniendo el equilibrio necesario para no caerse, no chocarse y no golpearse.
El juego con elementos como un triciclo, una patineta o un carro de arrastrarse les demandan coordinación de su cuerpo y de sus extremidades para desplazarse a diferentes velocidades y lugares teniendo en cuenta los obstáculos. También les exige fuerza y orientación al tener que alzar el triciclo o el carro.
El juego con elementos demanda mayor coordinación, por ej. el juego con una pelota, un bate, una raqueta les exige fuerza, agarre y precisión para lograr patear, lanzar y golpearla.
El equilibrio se estimula en el parque en el columpio, en las ruedas, los balancines y en los pasamanos, los niños deben lograr control y coordinación postural durante el movimiento, deben agarrarse de las barras con buena presión y mantener la fuerza en el agarre para no caerse.
La actividad motora en el parque también los lleva a correr, frenar, saltar, gatear y reptar manteniendo el equilibrio al desplazarse por los diferentes juegos. Si también tienen la oportunidad de jugar con otros en el parque las competencias motoras, sociales y de lenguaje de los niños se ponen a prueba y unos a otros se estimulan. Aprenden a esperar turno, a seguir reglas de juego, a intercambiar juegos y a relacionarse con otros.
MYRIAM SUÁREZ
Psicóloga
Asesoría en pautas de crianza




